domingo, 27 de enero de 2008

El dios dormido

Una historia improvisada y escrita en dos días, creo que se nota en el resultado. La aldea que aparece en el poblado me la imagino similar a alguna población hobbit, donde todos los vecinos se conocen y saben de lo que son capaces. Además me interesa esa lucha entre la devoción ciega hacia lo religioso y las personas racionales, marginadas durante tanto tiempo.
Espero que os entretenga unos breves segundos.

Nadie osaba mirar hacia arriba desde hacía años. Hacerlo nunca había significado ningún tipo de represalia directa, mas se había extendido la creencia de que alimentaba la mala suerte.
Richie intentaba no tropezar mientras se dirigía a su choza. La pendiente que ofrecía el sendero dificultaba su pasos, además del reto añadido que suponía el acarrear la pesada jarra de leche que debía servir como ofrenda al día siguiente.
Saludó a los lecheros, que hicieron un alto en su trabajo para hablar con él sobre los últimos cotilleos y noticias de la isla. Poca cosa, como siempre.
Tras breves instantes, volvieron al trabajo con la cabeza gacha, al darse cuenta de que el dios los observaba, o por lo menos eso creyeron, aunque éste nunca miraba hacia ninguna parte, tan sólo se movía con estertores varios que hacían retumbar la pequeña porción de tierra.
Richie, que sentía haber molestado a la deidad, se apresuró a llegar su hogar y encender algunas velas como compensación.
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Alicia era hija de uno de los lecheros de la isla, y por lo tanto disfrutaba de cierto reconocimiento; aunque su padre no parara nunca de trabajar para tener siempre contento al dios. Ella se estaba preparando para ingresar en uno de los diversos templos de adoración, para lo cual cada día debía acudir a ser instruida por el sacerdote local.

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Gustav se sentía incomprendido dentro de la isla. Hacía años que comprendió que su destino no estaba regido por los designios de ningún dios, aunque éste se halle dormido en mitad de la isla, deformándola con su peso hasta convertirla en una masa abombada. Es más, estaba seguro de la inutilidad del presunto dios, que según Gustav no merecía tal calificativo por el simple hecho de ser la mayor criatura conocida. Por ello, decidió despertar a la criatura.

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Richie se dirigía a la herrería de su abuelo cuando vio algo extraño salir del techo de una de las chozas del otro lado del camino. Su expectación creció cuando se percató que era la casa de Gustav, aquel ermitaño hereje que se había auto-marginado hace algunos años.
Corrió hacia la herrería, y se apropió del primer hacha que se encontró.
Tres medidos golpes fueron necesarios para derribar la puerta. Pero ya era tarde.

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El gran día había llegado. Alicia se convertiría por fin en sacerdotisa aquel día. Antes de partir hacia el templo, se le ocurrió ir a saludar a su padre a la granja. Fue cuando paseaba por el escorado sendero cuando oyó un gran zumbido sordo, acompañado por una gran humareda blanca y por un olor muy particular que no pudo identificar. La isla comenzó a retumbar, haciendo tropezar a Alicia. De repente, algo que era imposible que sucediese, sucedió.

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Tras para lo que él fueron unos pocos minutos de sueño, el gato se levantó.

miércoles, 23 de enero de 2008

El origen de las cosas

Hoy, mientras veía la tele, me detuve a pensar en que habría detrás de la mierda que muchas veces nos sueltan sin miramientos, dando por resultado esta pequeña historia que quizás nadie entenderá pasados unos pocos meses.

Pepe se levantó tarde, como de costumbre. Siempre había llevado una vida disoluta, de la que siempre se arrepentía pero que nunca intentaba cambiar. Apartó las cajas de pizza vacías y los botellines de cerveza desparramados sobre la cama, y se arrastró lastimosamente hacia el baño.
Su cara, como ya esperaba, era todo un poema. Ojos enrojecidos, barba de tres días, pelo revuelto y una expresión indefinida entre el malestar y la confusión.

Sonó el teléfono, una voz nerviosa al otro lado. Gómez, su socio. Pepe se dio cuenta de que no sólo llegaba espantosamente impuntual, sino que también no tenía nada preparado para la presentación que debía realizar dentro de pocos minutos.

Gómez y él habían fundado una compañía de marketing hace pocos años. La pereza de Pepe se veía compensada por la disciplina de Gómez; la creatividad de uno, con la mente gris del otro.
Solía funcionar.

Mientras Pepe arrancaba la bañera herrumbrosa que él llamaba coche, intentaba recordar cuáles eran exactamente las directrices que la empresa les había dado para realizar su anuncio...y ya que estaba, recordar cuál era la empresa y qué demonios vendía.
Tras 10 minutos conduciendo cual kamikaze, llegó a sus oficinas.

La sala de reuniones estaba abarrotada. Decenas de rostros severos y fácilmente irascibles le miraron, juzgándolo con la mirada. Gómez le miraba desde el fondo de la larga mesa, con una expresión mezcla de esperanza e ira homicida.
-Le estábamos esperando -dijo el que parecía ser el jefe de todos aquellos buitres- Cuéntenos que tiene pensado para nuestra gran empresa, Multi-ópticash.
-Pues...-comenzó a decir Pepe- Aparece el hombre de hojalata y...

lunes, 21 de enero de 2008

El Hombre-Vela

He leído por internet varias parábolas sobre el hombre-vela, la mayoría de ellas cristianas, aduciendo al recurso fácil de la iluminación (quizás el hombre-bombilla representara a un cristiano bipolar).
También leí otras historias con el hombre-vela de protagonista en las que se mencionaba el triste pero cierto hecho de que sufre una combustión continua desde su cabeza.
Pienso que la vida del hombre-vela no tiene porqué ser tan triste (ya que se empeñan en hacernos ver que sufre dolor físico y espiritual), tendrá sus altibajos, como toda persona o híbrido de persona y útil de iluminación, pero no debería tener impedimentos, por lo menos de antemano, para no ser feliz (quitando el hecho de que alcanza su mayor altura recién nacido, y tanto en su vida adulta como en su vejez sufre de enanismo).
El hombre-vela, a diferencia de todos nosotros, siempre ha sabido cuánto iba a vivir.

sábado, 19 de enero de 2008

bucle fatal

Lenar y Hepis contemplaba los cimientos quemados de lo que fue la mayor urbe del planeta. No más importantes hombres de negocios, enfrascados en sus importantes videollamadas, acentuando el loco ritmo del tránsito peatonal. No más madres pluriempleadas correrían tras el autobús, como si allí fueran a encontrar el sustento para sus hijos sin padre, aunque, en cierta manera, así fuera. No más borrachos y marginados vagarían por los callejones, preguntándose cuando se torció su vida hasta tal punto. No más. No más.

El ennegrecido cielo cubría los restos de la capital mundial como si de una mortaja gigante se tratara. Y, en medio del caos, Lenar y Hepis se encontraban en la delgada línea que separaba la cordura del trastorno irreparable.
Lenar había vivido toda su vida en la ciudad. En sus treintsa y siete años, dos meses y veintidós días no había hecho otra cosa que vivir para, y por, la ciudad que se rendía en torno a ella. Su mundo había dejado de existir.
-¿Estas bien?-le preguntó Hepis. "¿Cómo voy a estar bien, prototipo de subnormal?" pensó Lenar, aún sabiendo que su compañero se refería a su integridad física.
-Si..estoy bien...- respondió Lenar, saliendo del trance del que se encontraba.
-Creo que...creo que lo mejor será que nos vayamos de aquí...
-¿Y eso qué va a cambiar, Heps? ¿Eso qué demonios va a cambiar?¿Piensas que vamos a encontrar algo de comer?¿Eh? ¿O algún superviviente? ¿Eh? ¿¡Eh!?-gritaba Lenar, enfurecida con su socio, aún sabiendo que éste sólo intentaba mejorar su situación. Penosamente.- Me temo que no, Heps, no queda nada. ¡Nada!. Sólo basura nuclear y dos idiotas con tanta radiación en el cuerpo que morirán en poco tiempo. En muy poco tiempo....

La pareja se dio cuenta entonces del escaso tiempo, del supuesto escaso tiempo, que les quedaba. La radiación del lugar pronto daría fin a sus vidas sin sentido, ya que se había perdido en medio de una luminosa y horrible confusión que lo había arrastrado todo hacia el Inframundo.
Entonces, llovió el oscuro cielo. Y llovió agua, agua tan oscura como el sudario que envolvía el desolado paraje.
-Vamos, debemos guarecernos de la lluvia..-Hepis intentó cogerla del brazo, pero Lenar se despegó de él y marchó hacia un triste trozo de techo de un edificio que debió ser verde. Rápidamente, Hepis se acercó a ella e intentó proporcionarle calor. Juntos, abrazados bajo ese cielo negro, Lenar lloró recordando sus últimos momentos de vida. Cómo bajó de su casa y cruzó la avenida del Álamo hasta la Calle Rockwave, donde se encontró con Hepis. Fue entonces. Aún podía ver el fulgor anaranjado cayendo del cielo, derribando los cimientos de su mente. Sumiémdola en la oscuridad. Y en Hepis. Su socio la apretaba contra él, intentando, vanamente, no mostrar su miedo. Lenar no quería continuar con esa vida. No tenía ni la más remota curiosidad por saber si sobreviviría. Se durmió.

El agudo pitido del despertador quebró su sueño, recordándola que llegaba tarde. Se vistió con prisas y bajó a la calle. Cruzó la Avenida del Álamo y, en la calle Rockwave, se encontró con un distraído Hepis.

Aún le dió tiempo a hablarle de un sueño muy raro, antes de que cayera un fulgor anaranjado del cielo.

viernes, 18 de enero de 2008

Pesadillas Cotidianas

Esta pequeña historia surgió como un juego entre Don_Kion y yo, a modo de "cadáver exquisito", en el que cada uno escribía un párrafo sin ningún tipo de limitación en cuanto a temática, género literario o sentido, como veréis. El relato está inacabado, y no pensamos acabarlo, de hecho, el propio sentido de la historia pide a gritos que no se la acabe. Esperemos os entretenga.


Últimamente no duermo bien.Tengo sueños, pesadillas mejor dicho, que no me dejan dormir. Despierto envuelto en sudor y con el corazón a cien. Estas pesadillas me han acompañado desde pequeño, pero nunca han sido tan fuertes. Decido ir a ver a mi psicóloga en cuanto me despierte de la nueva pesadilla que embauca mi mente. Ríos de sangre caen de las paredes, el suelo se empieza a encharcar y me replanteo la idea de salir de la cama para desayunar. Me levanto. Toda mi ropa esta ardiendo, así que opto por ir en calzoncillos al comedor. Allí me encuentro con mi difunto perro, Gómez. No es que me atraiga ese nombre, pero se lo puso mi madre.Como he mencionado, mi perro estaba muerto, así que ahora es un zombi. Juego con él un poco y me preparo el desayuno. Como siempre, en el frigorífico sólo hay intestinos de cerdo bañados en líquido amniótico. Con un poco de sal, no están mal. Sigo mi rutina, voy a mi habitación y encuentro un traje del siglo XIX que no ha ardido del todo, así que me lo pongo y me lavo la cara. Como son las siete menos cuarto y aun tengo tiempo frego un poco el suelo de restos de piel de Gómez y de la sangre que chorrea por todos lados. Estaba pensando en instalar un sistema de filtrado para la sangre cuando llaman al timbre. Me pongo el sombrero de tres picos y saludo a Lora, el flamenco que me lleva al trabajo todas las mañanas. Nos montamos en su lancha motora y emprendemos el viaje a Australia. Hasta ahí todo normal, pero a mi amigo flamenco le explota la cabeza y empiezan a caer extraños capullos del cielo. Un boquete aparece en medio de la nada, arañando el cielo. Unos grandes ojos me miran y despierto sudando.

Realmente esos ojos tampoco me inquietan tanto si los comparo con mis vecinos. No es que me asusten especialmente los barcos parlantes, pero desde que me amenazan cada vez que me ven temo por mi integridad física. Mi integridad mental tampoco me preocupa.

Cuando llego al trabajo, lo primero que hago es saludar al elefante, mi supervisor. Es un poco exigente, pero en el fondo es buen paquidermo.

Mis compañeros de trabajo, los lemures, me acosan desde hace semanas. Creo que quieren que me vaya porque trabajo más y mejor que ellos. No lo entiendo, la verdad, porque cavar un foso con un tenedor tampoco es tan complicado.

En cuanto a mi vida personal, creo que estoy enamorado. Y tengo indicios de que es correspondido. La morsa del parking me hace caritas cada vez que me ve. Creo que está soltera. Creo. Dicen que las morsas son buenas amantes. Bueno, eso dice Larry, uno de mis compañeros del trabajo, el tío se ha tirado a todo el vecindario, el cabrón. Lo que pasa es que las tías se quedan mirándole lo grande que tiene los cuernos y él piensa que las tiene cautivadas. Y yo, bueno también es un problema ser el único de la ciudad con poco pelo y pulgares, creo que la morsa del parking, Hana, se quedó sorprendida el otro día que abrí el coche con la mano. Voy ganando puntos, en menos de una semana le preguntaré como se llama. Y en cuanto a Lora, es un problema,

porque si le explota la cabeza ya no sé quien me va a llevar al trabajo. Por cierto, los capullos que cayeron del cielo lo han puesto todo patas arriba, la casa del barco del vecino esta totalmente destruida, creo que se va a ir a vivir con su hermana a Detroit, no sé donde está eso, creo que por Hong Kong. Y los ojos esos que me vigilan allí donde esté siguen igual, vigilándome donde allí esté. Y eso es un problema, porque si consigo ligar con Hana va a ser muy incómodo tener a alguien espiándome. Cuando a Lora le explotó la cabeza ibamos camino de Australia, es que mi trabajo esta en el centro, en Helsinki. Y cuando le pasó el incidente la lancha motora se puso en control automático y nos llevo al trabajo, me desmonté y fui a la oficina. Me daba pena Lora, pero llegaba tarde al trabajo y el frío de Australia es insoportable.

Condensación

Los dos mecánicos se miraron. Llevaban horas trabajando a destajo, no es fácil crear tu propia compañía de robots desde la nada. Tras pasar casi tres días montádolos a mano, llegaba la hora de programarlos.
-Asimov debía de estar de coña...¡¡tres leyes, si casi no tenemos dinero para una sola!! -dijo Sebastian.
-Pero es necesario, esas tres leyes existen para nuestra seguridad. Sin ellas, mi complejo de Frankenstein se acrecentaría más de lo que ya lo está desde que me convenciste para trabajar contigo.
De ello precisamente se arrepentía Sebastian. Desde el mismo día que empezó a trabajar con Marcos, no había parado de quejarse. Estaba cerca de colmar su paciencia, tras tres días de constantes quejas acerca de su involuntario apoyo al bando de los robots, futuros dominadores de la humanidad.
-Lo siento por tus complejos. Pero no hay dinero para tres leyes, tendríamos que comprar cerebros electrónicos con más capacidad de asimilar conceptos, y no podemos permitírnoslo.
Nos tendremos que conformar con un robot con una sola ley.
-Pero, pero...pero...
-Si te hace ilusión, puedes redactarla tú. Te sugiero que condenses las tres leyes en una.
-Eso es imposible. No creo poder hacer una sola ley que capte el espíritu de las tres leyes fundamentales y que no le ocasione fallos de funcionamiento al robot.
-Pues...une tres mandamientos de la Biblia, ¿qué te parece? Algo así como "Honrarás a tu vecino y...no lo matarás".
-Oh, dios. No puede salir nada bueno de ésto -dijo no sin cierta razón Marcos, que había comenzado a palidecer.
- O quizás..."Amarás al adúltero los domingos".
- Para ya. Ofendes a mi alma cristiana -respondió ofendido Marcos.
-Entonces, no deberías estar aquí. No creo que a tu dios le haga gracia que uno de sus fieles intente competir con él, creando seres pseudo-vivos.
-No son seres pseudo-vivos, son herramientas al servicio del hombre.
-Lo sé, por eso me sorprende tu paranoia. Aunque realmente todo ésto parece un suicidio planeado, ¿no? Me refiero a la escalada de avances tecnológicos. Los mejoramos hasta niveles absurdos, niveles peligrosos. Casi parece que queremos que se vuelvan contra nosotros. Como ya sucedió en el siglo XX, con las armas atómicas. Una carrera hacia ninguna parte, o más bien, hacia un agujero negro.
Aunque ahora con los robots sea distinto, ya que no es la guerra lo que nos mueve a construirlos. En todo caso, otro tipo de guerra, una guerra comercial. Mejora de los productos, lucha por determinados targets, ventas, gastos, beneficio. La industria robótica sólo puede ir hacia adelante. Lo cual supondrá, obviamente, una mejora del producto. Robots cada vez más eficientes, más capacitados, más numerosos.
Sebastian se quedó callado, mirando hacia ninguna parte. De pronto, le dijo a Marcos:
-¿Sabes una cosa? No creas que de repente me he empeñado en obstruir el progreso, pero...no tengo más ganas de construir robots.

jueves, 17 de enero de 2008

La diferencia fundamental

-Así que...usted no sabe si usted es usted o no lo es -dijo el profesor Cornellius.
-En efecto -repitió el Mortimer de la derecha- Cuando regresé del futuro ya estaba aquí, esperando. O quizás era yo el que esperaba, quién sabe. El caso es que ahora no sabemos quién es legítimamente Mortimer Huntelaar, si él o yo.
-Debe haber alguna forma de saber quién es la copia y quién es el real -dijo el Mortimer de la izquierda.
-No creo que haya ningún antecedente en la corta historia de los viajes en el tiempo. Bien es cierto que, al no haber un código legal firme sobre el asunto, las miles de máquinas del tiempo clandestinas que funcionan día y noche arrojan más de una sorpresa desagradable como ésta...
-¿Alguna idea por tanto, profesor? -preguntó un Mortimer indeterminado.
-Puedo lanzar varias conjeturas. Al viajar en el tiempo, ya sea hacia el pasado o hacia el futuro, entras en un universo alternativo, que puede no estar regido por las mismas leyes fundamentales que el nuestro. No digo que ésto ocurra siempre, sólo que nunca podemos estar seguros totalmente.
-Pero al entrar en este universo, el "intruso" quedaría sujeto a nuestras leyes fundamentales...y lo mismo al ir al anterior universo -respondió Mortimer 2- Aunque quizás si volviéramos los dos a viajar, encontraríamos la clave para identificar al impostor.
-Mmm creo que no sería recomendable. Técnicamente, si volvéis a viajar al punto de origen, el intruso sería el verdadero Mortimer Huntelaar de este universo, no su impostor. Además, no creo que haya ninguna manera de saber qué Mortimer es más real, si el originario de la Tierra o el nativo de...la otra Tierra. Por no mencionar el riesgo que corréis de generar un nuevo Mortimer, si el error de la máquina se repite.
No, me temo que tendréis que quedaros aquí hasta que sepáis quién de los dos no pertenece a este universo, y expulsarlo allí inmediatamente. No creo que sea beneficioso alterar el equilibrio cósmico mucho tiempo.
-Tengo una idea...que quizás es muy estúpida pero sigue siendo nuestra única opción. Echarlo a suertes. Quien pierda, se va.
-Realmente no hay otra opción, nunca sabremos quién corresponde a este mundo -dijo el primer Mortimer.
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La moneda completó su parábola y cayó en la mano ajada del profesor.
-Cara.
Nadie dijo nada, quizás porque no había nada que decir. Estrecharon sus manos, y el perdedor avanzó con aire solemne y derrotado hacia el agujero. La puerta se cerró con un sonido de succión. Tras una somera explosión de luz, todo acabó.
-¿Cree usted que habremos acertado, profesor? -preguntó Mortimer, ya el único Mortimer Huntelaar que existía.
-Eso espero. Realmente, nunca sabremos hasta qué punto ha podido afectar este episodio al devenir del universo. O espero no saberlo nunca.

Bienvenidos a Gato Kión

Os damos la bienvenida a Gato Kión, un nuevo blog dedicado a nuestras incontinencias mentales.
Regularmente, o eso por lo menos quisiéramos, volcaremos aquí nuestras ideas más absurdas sin afán de lucro.
Las historias, reflexiones o cuentos que aquí aparecerán son en gran parte borradores o ideas sin pulir, con el único fin de hacer más llevaderos tus horas improductivas/períodos de insomnio/lapsos indeterminados.

Papui.