viernes, 18 de enero de 2008

Condensación

Los dos mecánicos se miraron. Llevaban horas trabajando a destajo, no es fácil crear tu propia compañía de robots desde la nada. Tras pasar casi tres días montádolos a mano, llegaba la hora de programarlos.
-Asimov debía de estar de coña...¡¡tres leyes, si casi no tenemos dinero para una sola!! -dijo Sebastian.
-Pero es necesario, esas tres leyes existen para nuestra seguridad. Sin ellas, mi complejo de Frankenstein se acrecentaría más de lo que ya lo está desde que me convenciste para trabajar contigo.
De ello precisamente se arrepentía Sebastian. Desde el mismo día que empezó a trabajar con Marcos, no había parado de quejarse. Estaba cerca de colmar su paciencia, tras tres días de constantes quejas acerca de su involuntario apoyo al bando de los robots, futuros dominadores de la humanidad.
-Lo siento por tus complejos. Pero no hay dinero para tres leyes, tendríamos que comprar cerebros electrónicos con más capacidad de asimilar conceptos, y no podemos permitírnoslo.
Nos tendremos que conformar con un robot con una sola ley.
-Pero, pero...pero...
-Si te hace ilusión, puedes redactarla tú. Te sugiero que condenses las tres leyes en una.
-Eso es imposible. No creo poder hacer una sola ley que capte el espíritu de las tres leyes fundamentales y que no le ocasione fallos de funcionamiento al robot.
-Pues...une tres mandamientos de la Biblia, ¿qué te parece? Algo así como "Honrarás a tu vecino y...no lo matarás".
-Oh, dios. No puede salir nada bueno de ésto -dijo no sin cierta razón Marcos, que había comenzado a palidecer.
- O quizás..."Amarás al adúltero los domingos".
- Para ya. Ofendes a mi alma cristiana -respondió ofendido Marcos.
-Entonces, no deberías estar aquí. No creo que a tu dios le haga gracia que uno de sus fieles intente competir con él, creando seres pseudo-vivos.
-No son seres pseudo-vivos, son herramientas al servicio del hombre.
-Lo sé, por eso me sorprende tu paranoia. Aunque realmente todo ésto parece un suicidio planeado, ¿no? Me refiero a la escalada de avances tecnológicos. Los mejoramos hasta niveles absurdos, niveles peligrosos. Casi parece que queremos que se vuelvan contra nosotros. Como ya sucedió en el siglo XX, con las armas atómicas. Una carrera hacia ninguna parte, o más bien, hacia un agujero negro.
Aunque ahora con los robots sea distinto, ya que no es la guerra lo que nos mueve a construirlos. En todo caso, otro tipo de guerra, una guerra comercial. Mejora de los productos, lucha por determinados targets, ventas, gastos, beneficio. La industria robótica sólo puede ir hacia adelante. Lo cual supondrá, obviamente, una mejora del producto. Robots cada vez más eficientes, más capacitados, más numerosos.
Sebastian se quedó callado, mirando hacia ninguna parte. De pronto, le dijo a Marcos:
-¿Sabes una cosa? No creas que de repente me he empeñado en obstruir el progreso, pero...no tengo más ganas de construir robots.

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