miércoles, 23 de enero de 2008

El origen de las cosas

Hoy, mientras veía la tele, me detuve a pensar en que habría detrás de la mierda que muchas veces nos sueltan sin miramientos, dando por resultado esta pequeña historia que quizás nadie entenderá pasados unos pocos meses.

Pepe se levantó tarde, como de costumbre. Siempre había llevado una vida disoluta, de la que siempre se arrepentía pero que nunca intentaba cambiar. Apartó las cajas de pizza vacías y los botellines de cerveza desparramados sobre la cama, y se arrastró lastimosamente hacia el baño.
Su cara, como ya esperaba, era todo un poema. Ojos enrojecidos, barba de tres días, pelo revuelto y una expresión indefinida entre el malestar y la confusión.

Sonó el teléfono, una voz nerviosa al otro lado. Gómez, su socio. Pepe se dio cuenta de que no sólo llegaba espantosamente impuntual, sino que también no tenía nada preparado para la presentación que debía realizar dentro de pocos minutos.

Gómez y él habían fundado una compañía de marketing hace pocos años. La pereza de Pepe se veía compensada por la disciplina de Gómez; la creatividad de uno, con la mente gris del otro.
Solía funcionar.

Mientras Pepe arrancaba la bañera herrumbrosa que él llamaba coche, intentaba recordar cuáles eran exactamente las directrices que la empresa les había dado para realizar su anuncio...y ya que estaba, recordar cuál era la empresa y qué demonios vendía.
Tras 10 minutos conduciendo cual kamikaze, llegó a sus oficinas.

La sala de reuniones estaba abarrotada. Decenas de rostros severos y fácilmente irascibles le miraron, juzgándolo con la mirada. Gómez le miraba desde el fondo de la larga mesa, con una expresión mezcla de esperanza e ira homicida.
-Le estábamos esperando -dijo el que parecía ser el jefe de todos aquellos buitres- Cuéntenos que tiene pensado para nuestra gran empresa, Multi-ópticash.
-Pues...-comenzó a decir Pepe- Aparece el hombre de hojalata y...

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