viernes, 18 de enero de 2008

Pesadillas Cotidianas

Esta pequeña historia surgió como un juego entre Don_Kion y yo, a modo de "cadáver exquisito", en el que cada uno escribía un párrafo sin ningún tipo de limitación en cuanto a temática, género literario o sentido, como veréis. El relato está inacabado, y no pensamos acabarlo, de hecho, el propio sentido de la historia pide a gritos que no se la acabe. Esperemos os entretenga.


Últimamente no duermo bien.Tengo sueños, pesadillas mejor dicho, que no me dejan dormir. Despierto envuelto en sudor y con el corazón a cien. Estas pesadillas me han acompañado desde pequeño, pero nunca han sido tan fuertes. Decido ir a ver a mi psicóloga en cuanto me despierte de la nueva pesadilla que embauca mi mente. Ríos de sangre caen de las paredes, el suelo se empieza a encharcar y me replanteo la idea de salir de la cama para desayunar. Me levanto. Toda mi ropa esta ardiendo, así que opto por ir en calzoncillos al comedor. Allí me encuentro con mi difunto perro, Gómez. No es que me atraiga ese nombre, pero se lo puso mi madre.Como he mencionado, mi perro estaba muerto, así que ahora es un zombi. Juego con él un poco y me preparo el desayuno. Como siempre, en el frigorífico sólo hay intestinos de cerdo bañados en líquido amniótico. Con un poco de sal, no están mal. Sigo mi rutina, voy a mi habitación y encuentro un traje del siglo XIX que no ha ardido del todo, así que me lo pongo y me lavo la cara. Como son las siete menos cuarto y aun tengo tiempo frego un poco el suelo de restos de piel de Gómez y de la sangre que chorrea por todos lados. Estaba pensando en instalar un sistema de filtrado para la sangre cuando llaman al timbre. Me pongo el sombrero de tres picos y saludo a Lora, el flamenco que me lleva al trabajo todas las mañanas. Nos montamos en su lancha motora y emprendemos el viaje a Australia. Hasta ahí todo normal, pero a mi amigo flamenco le explota la cabeza y empiezan a caer extraños capullos del cielo. Un boquete aparece en medio de la nada, arañando el cielo. Unos grandes ojos me miran y despierto sudando.

Realmente esos ojos tampoco me inquietan tanto si los comparo con mis vecinos. No es que me asusten especialmente los barcos parlantes, pero desde que me amenazan cada vez que me ven temo por mi integridad física. Mi integridad mental tampoco me preocupa.

Cuando llego al trabajo, lo primero que hago es saludar al elefante, mi supervisor. Es un poco exigente, pero en el fondo es buen paquidermo.

Mis compañeros de trabajo, los lemures, me acosan desde hace semanas. Creo que quieren que me vaya porque trabajo más y mejor que ellos. No lo entiendo, la verdad, porque cavar un foso con un tenedor tampoco es tan complicado.

En cuanto a mi vida personal, creo que estoy enamorado. Y tengo indicios de que es correspondido. La morsa del parking me hace caritas cada vez que me ve. Creo que está soltera. Creo. Dicen que las morsas son buenas amantes. Bueno, eso dice Larry, uno de mis compañeros del trabajo, el tío se ha tirado a todo el vecindario, el cabrón. Lo que pasa es que las tías se quedan mirándole lo grande que tiene los cuernos y él piensa que las tiene cautivadas. Y yo, bueno también es un problema ser el único de la ciudad con poco pelo y pulgares, creo que la morsa del parking, Hana, se quedó sorprendida el otro día que abrí el coche con la mano. Voy ganando puntos, en menos de una semana le preguntaré como se llama. Y en cuanto a Lora, es un problema,

porque si le explota la cabeza ya no sé quien me va a llevar al trabajo. Por cierto, los capullos que cayeron del cielo lo han puesto todo patas arriba, la casa del barco del vecino esta totalmente destruida, creo que se va a ir a vivir con su hermana a Detroit, no sé donde está eso, creo que por Hong Kong. Y los ojos esos que me vigilan allí donde esté siguen igual, vigilándome donde allí esté. Y eso es un problema, porque si consigo ligar con Hana va a ser muy incómodo tener a alguien espiándome. Cuando a Lora le explotó la cabeza ibamos camino de Australia, es que mi trabajo esta en el centro, en Helsinki. Y cuando le pasó el incidente la lancha motora se puso en control automático y nos llevo al trabajo, me desmonté y fui a la oficina. Me daba pena Lora, pero llegaba tarde al trabajo y el frío de Australia es insoportable.

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