domingo, 24 de febrero de 2008

Sobre la marcha de Gato Kión

Como veréis, últimamente la producción de historias ha decaído bastante. Ahora mismo estoy trabajando en dos o tres historias que tengo a mitad, y que no sé cómo acabar.
También tengo un par a la mitad de las que me arrepentí por su falta de gancho u originalidad, y prefiero ahorrárselas al mundo. Pero GK continúa, pronto nuevas historias de usar y tirar.
Que no os pueda el ansia.

jueves, 14 de febrero de 2008

La distancia que nos separa

Este relato está inspirado en la última película de los hermanos Coen, una obra maestra titulada No es país para viejos, y más concretamente en su protagonista, Lewelyn. Un hombre que se enfrenta a un mal acechante con mucha sangre fría. Dedicado a María José.

Está lloviendo fuera mientras haces la maleta. Reúnes todo el dinero que te queda y metes a presión toda la ropa que te ha dado a tiempo a coger: unos pantalones, un par de camisas y un sombrero. Piensas que ya tendrás tiempo de comprar ropa interior. A pesar de tus rápidos movimientos, tu mente está fría. Tienes planificados todos tus movimientos. No en vano, no es la primera vez que te ves en una de éstas.
Aunque sientes que esta vez es diferente. Más que sentirlo, lo sabes. Y tienes miedo.
Sales a toda prisa de la casa, sin mirar a nadie fijamente pero sin rehuir la mirada, como buen "hijo" de Michael Corleone. Utilizar carreteras secundarias, no llamar la atención, cambiar de atuendo varias veces al día... viejos trucos del gremio que intuyes que esta vez no serán suficientes.
Porque esta vez te persigue alguien sin debilidades, perfecto a su manera. Que no se cansa, que no se rinde, que nunca se detiene. Es la maldad corpórea.
Huye, huye rápido, donde no pueda verte. Nunca pares de moverte. Mira siempre hacia atrás. Duerme con un ojo abierto. O no duermas.
Ya no hay vuelta atrás. Date prisa.

domingo, 3 de febrero de 2008

Los Derrotados

El hombrecillo lo miraba, los ojos suplicantes. Realmente daba pena contrariar a alguien así, pero la coyuntura se erigía como algo excepcional, al igual que las medidas necesarias para solucionarlo.
-Si comprendo cómo se siente, pero aún así me parece...exagerado, sacado de contexto. Todavía está a tiempo de negociar -El pobre diablo se aferraba al diálogo como a un clavo ardiendo- Incluso es posible salir de ésto con cierta dignidad.
-¿¡Qué dignidad, ni dignidad!? ¿Es que no sabes lo que le hacen esos salvajes a los prisioneros humanos? Cruzaremos el umbral del dolor hasta que deseemos que se apiaden de nosotros y finalmente nos rematen. Créeme, he visto vídeos sobre lo de aquella colonia en Rigel VII. Una carnicería. Me dio impulsos para seguir matando pulposos. No nos queda otra.
El cabo Flystone tiró la toalla. Después de veintitrés horas consecutivas batallando, no se sentía con ganas de discutir, aunque el motivo de la discusión fuera su propia vida.
-Haga lo que quiera, me da igual. Ya no me siento ni las propias manos.
Y después, el silencio. Ruidos sordos, la respiración entrecortada del sargento, con insultos infiltrados en suspiros.
-¿Y bueno, a qué espera? -Flystone, que ya se había hecho a la idea, no quería quitarle solemnidad a sus últimos momentos- Ya te he dicho que lo hagas.
-Es que...no puedo -dijo por fin el sargento- El mecanismo de auto-destrucción de la nave no funciona. Estamos atrapados.
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Tras casi 25 horas de batalla, la flota humana había sido aniquilada por su contrincante, los centenares de naves de la enigmática raza conocida como pulposos, ya que su forma recordaba vagamente a los extintos pulpos de la Tierra. Se decía que ambas razas podían estar emparentadas, relación improbable ya que los pulposos habían sido sometidos a numerosas pruebas científicas para averigüar su origen, entre ellas el comerse a toda la delegación diplomática pulposa para verificar si su sabor se asemejaba al del antigüo animal. Prueba que resultó fallida, y que además fue el motivo original por el que los pulposos declararon la guerra a la Tierra (ya que entre los integrantes de la delegación se encontraba uno de los hijos predilectos del rey pulposo, y que se preveía que heredara la corona. El planeta pulposo se rige mediante un complicado sistema político basado en la elección al azar del monarca entre los miles de hijos del rey anterior; sorteo que el devorado príncipe había enfocado desde el pragmatismo, asesinando a la gran mayoría de sus hermanos.).
Un movimiento de pinza y acertado fuego de artillería láser fueron los causantes del desmoronamiento del ejército terrestre, ya que, a pesar de las advertencias previas, la plana mayor del ejército convino en dirigir la batalla desde el mismo mirador de la misma nave.
Un espía pulposo, hábilmente infiltrado entre los terrestres mediante un aparato morfoseador, ejerció de cebo y mártir, indicando su posición a la flota atacante.
Tras la explosión del Magnus II, la nave nodriza, todo fue cuestión de tiempo.

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-Nada, imposible. Los circuitos deben de haberse inutilizado. Ni podemos huir, ni podemos inmolarnos. La suerte está echada, sólo queda esperar a que nos capturen, torturen, violen, asesinen y devoren, y no sé en qué orden.
-Pero sargento, algo podremos hacer, ¿no nos quedan siquiera fusiles o pistolas con las que defendernos, o suicidarnos si se tercia?
-Negativo. La munición se acabó hace horas, y los pulposos controlaban el depósito de municiones cuando nos replegamos hasta aquí.
El cabo observó la barricada que habían construido para obstruir el paso. Ambos sabían que no duraría mucho tiempo si los pulposos se empeñaban en entrar.

Continuará!!!