jueves, 14 de febrero de 2008

La distancia que nos separa

Este relato está inspirado en la última película de los hermanos Coen, una obra maestra titulada No es país para viejos, y más concretamente en su protagonista, Lewelyn. Un hombre que se enfrenta a un mal acechante con mucha sangre fría. Dedicado a María José.

Está lloviendo fuera mientras haces la maleta. Reúnes todo el dinero que te queda y metes a presión toda la ropa que te ha dado a tiempo a coger: unos pantalones, un par de camisas y un sombrero. Piensas que ya tendrás tiempo de comprar ropa interior. A pesar de tus rápidos movimientos, tu mente está fría. Tienes planificados todos tus movimientos. No en vano, no es la primera vez que te ves en una de éstas.
Aunque sientes que esta vez es diferente. Más que sentirlo, lo sabes. Y tienes miedo.
Sales a toda prisa de la casa, sin mirar a nadie fijamente pero sin rehuir la mirada, como buen "hijo" de Michael Corleone. Utilizar carreteras secundarias, no llamar la atención, cambiar de atuendo varias veces al día... viejos trucos del gremio que intuyes que esta vez no serán suficientes.
Porque esta vez te persigue alguien sin debilidades, perfecto a su manera. Que no se cansa, que no se rinde, que nunca se detiene. Es la maldad corpórea.
Huye, huye rápido, donde no pueda verte. Nunca pares de moverte. Mira siempre hacia atrás. Duerme con un ojo abierto. O no duermas.
Ya no hay vuelta atrás. Date prisa.

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