jueves, 13 de marzo de 2008

Desesperación absoluta

Os presento la segunda parte de la historia titulada "Demasiado", en la que Misterio hizo un anuncio sorprendente. Veamos qué sucede:

Misterio comenzó a extraer numerosos artilugios de su maleta. Yo conocía el funcionamiento de alguno de ellos sólo de manera primitiva, nunca había sido algo que me quitara el sueño o me valiera de nada a la hora de redactar mis artículos.
Gorrión observaba fijamente, no creo que le conviniese protestar o alzar la voz, a pesar de su tremenda estupidez era consciente de que el éxito de la sociedad provenía de la otra mitad.
-Como os decía...-continuó Misterio-...creo haber llegado a una conclusión definitiva acerca de mis investigaciones de los últimos años. Si mis cálculos no fallan (y no lo harán), podré construir una dimensión paralela ajena a la variable tiempo.
-¿Es eso posible?¿De qué manera, haciendo un pasadizo a otro universo? -pregunté.
-No, una simple burbuja de materia indestructible creciente bastará, siempre que logre crear un microcosmos capaz de albergar vida humana.
-¿Pero esa burbuja no se vería también afectada por el tiempo? -volví a interrogar a Misterio.
-Éso es lo bueno. La burbuja crecerá y crecerá hasta llegar a un punto en el que tenga la misma masa que la Tierra, momento en el que pulsaré los circuitos añadidos a la burbuja que estoy fabricando para sustituir los dos planetas. Pero no será un simple cambio entre dos masas, ya que el nuevo planeta tendrá modificado su...
Misterio no pudo seguir explayándose sobre su teoría de sustitución planetaria. El jarrón, sabiamente arrojado hacia su cabeza, le acalló súbitamente. Gorrión y yo nos miramos uno al otro, acusadores. Pero simultáneamente comprendimos que el lanzador no era ninguno de nosotros dos, sino el guardaespaldas.
Gorrión acudió presto a socorrer a su jefe. Yo, en cambio, presentí que el artículo sería mucho más sustancioso si perseguía al agresor.
Era rápido, mucho. Pero yo siempre me he caracterizado por el don del oportunismo. Los caminos alternativos siempre han sido mi punto fuerte, por lo que pronto estuve pisándole los talones.
El plan, desde luego, fue improvisado, ya que el maldito guardaespaldas (que iba a hacerme millonario, ¡qué exclusiva!) no tenía pensada ninguna vía de escape. Hasta que se le ocurrió la funesta idea de coger un rehén. O sea, yo.
Cuando persigues a un ex-militar de dos metros y éste se da la vuelta, te hace una llave que te inmoviliza y asfixia al mismo tiempo, poco hay que objetar.
-Espera, espera...-pude decir con un hilo de voz -No hagas nada de lo que puedas arrepentirte...
-¿Es que acaso no lo he hecho ya?- respondió, no sin razón- Misterio hará todo lo posible por destruirme. Pero tenía que hacerlo, está loco. Sus delirios de grandeza van a acabar con el planeta. ¿Acabar con el tiempo?, ¡locuras de un egocéntrico, que quiere permanecer vivo para siempre! Su tiempo se acaba, y él lo sabe.
Este hombre escupía oro mientras hablaba, sentía que el Infinitus ya era mío. Por lo menos si no se le ocurría romperme el cuello.
-Tenemos compañía -me anunció mi captor, que por aquel entonces me arrastraba cual muñeco por los pasillos del hotel- por lo que no pienses que voy a soltarte.
-Estupendo-respondí.

Continuará una vez más, os prometo que la siguiente es la última!

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